El Post-editorial

Una persona pobre es aquella que no tiene recursos económicos, o en caso de tenerlos son escasos, pero va más allá. Esta falta de dinero le afecta al consumo y a su posición en el mercado laboral pero también afecta al eje sociorelacional porque pierde o ve reducidas sus relaciones sociales por este motivo. Asimismo, la pobreza incide en el eje político-ciudadano porque una persona pobre ve dificultado su acceso a servicios y derechos básicos como son la educación, la vivienda o la salud. Por lo tanto, la pobreza conlleva consecuencias sociales que nada tienen que ver con el dinero en sí mismo, como puede ser la propia exclusión, entendida como un proceso de producción social que se manifiesta en numerosas modalidades y que solo desaparece si se actúa sobre sus causas. Así que no mires para otro lado porque tú y yo, al igual que él, somos responsables de su existencia. Está en nosotros el erradicarla.

Pero aunque pueda parecer que las personas pobres se sienten desgraciadas, la realidad es muy distinta y es igual de diversa que en el resto de colectivos sociales. Algunos se sienten desgraciados por ello pero otros, son optimistas y felices a pesar de no tener el mismo dinero que la mayoría de las personas que le rodean. Tras los testimonios aquí recogidos, aquellos que se sienten afortunados en la vida aún no teniendo recursos económicos, creen que su fortuna reside en valorar cada una de las cosas que poseen, mucho más allá de lo material. Aspecto, que como bien dicen, no existe en la mayor parte de nosotros que nos hayamos inmersos en un mundo superficial y materialista. Por lo tanto, dentro de la diversidad de la pobreza, hay diversidad de estereotipos y prejuicios.

La solución pasa por la inclusión y la democracia pero una sociedad democrática solo es posible si desde todos los sectores, incluida la propia política, luchan por la erradicación y la eliminación de la pobreza. Como bien nos han explicado muchos de nuestros protagonistas, es el sistema el interesado en que siga existiendo gente pobre y esto no cambiará, si no se hace algo desde arriba. Para ello, se hace necesario un cambio en las políticas sociales. 

Desde el punto de vista educativo, una vía de escape de las garras de la pobreza, la conforma la escuela. Una escuela democrática es aquella que construye la pedagogía de la esperanza como solución a la pedagogía de la exclusión. Una escuela donde se promuevan los medios, estrategias y herramientas necesarios para hacer frente a las carencias que presentan algunos de nuestros alumnos acercándoles todas las posibilidades que estén en nuestras manos, actuando como compensación de las dificultades por las que pasan. Aquí, es elemental vincularnos con su entorno.

No olvidemos que los niños conforman uno de los sectores más vulnerables de la población frente al impacto de la pobreza y la escuela debe evitar ser reproductora de las descompensaciones existentes fuera de sus paredes.

No mires para otro lado. Tú como futuro docente tienes una doble responsabilidad, luchar por la eliminación de creencias y acciones discriminatorias hacia la pobreza como ciudadano de una sociedad que se hace llamar como democrática, pero también como futuro maestro que tendrá en sus manos la posibilidad de corregir los errores que continuamente se reproducen en la calle.



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